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Ambika devi dasi

nama om visnu-padaya Krishna-presthaya bhu-tale
srimate bhakti-bhusana-svamin iti namine

Ofrezco mis respetuosas reverencias a los pies de loto a mi querido Guru Maharaja, en el auspicioso día de la celebración de su aparición trascendental.

Hace mucho tiempo, en un lugar apartado vivía un maestro espiritual con sus discípulos, a los cuales entrenaba en las prácticas del servicio devocional y la renuncia.

Cierto día, como todos los días, el maestro envió a un grupo de sus estudiantes a buscar leña al bosque, sin antes advertirles que no demoraran, que evitaran la oscuridad, ya que el bosque por esas horas era un lugar muy peligroso. No obstante uno de los discípulos se separó del grupo extraviándose. Perdiendo el sendero de regreso en la oscuridad decidió buscar un lugar donde pasar la noche. De pronto comenzó a escuchar a lo lejos una dulce melodía.

Acercándose un poco más pudo visualizar en un claro del bosque bajo la hermosa luz de la luna como se desarrollaba un alegre festival. Con mayor detenimiento, el discípulo pudo observar una mesa con cientos de espléndidas preparaciones, brillante parafernalia, un grupo de músicos que ejecutaban las más dulces melodías, además pudo ver las bellas personas que participaban en el banquete celestial. Al verlos él no pudo más que pensar que aquellos seres no eran más que un grupo de semidioses u otro tipo de seres celestiales. No había salido de su asombro todavía, cuando de repente una dulce voz en su espalda susurró: “Ven, acércate, no temas”. Así el discípulo siguió al ser celestial, que resplandecía al tocar la luz de la luna sus ornamentos de oro.

Con asombro mezclado a desconfianza, el discípulo se acercó y fue convidado con los manjares de la fiesta.” Come, come”, le dijeron. Y él les respondió: “No, muchas gracias, sin ofenderlos, no acostumbro comer nada excepto los remanentes de mi Guru Maharaja”. “Está bien, no te preocupes, toma este pote y llévaselo”. Así el discípulo tomó el pote de oro cubierto con seda, lo guardo en su morral y agradeciendo se retiro del lugar.

Con las primeras luces del alba el discípulo encontró el sendero correcto en poco tiempo, llegó al asrama donde se encontró con sus condiscípulos y su guru. Rápidamente contó todo lo que había sucedido y sacó el pote de su bolsa para dárselo al maestro. Con gran asombro vio que el pote ya no era de oro sino de barro y dentro sólo había una mezcla de pus y excremento.

"Ves, eran sólo raksasas que te ilusionaron, sólo tu fidelidad a mi te ha salvado". Luego todos entraron al asrama uno tras otro detrás del maestro.

Así somos salvados día a día por tu recuerdo, por tu ejemplo, por refugiarnos en tus pies de loto. Por el hecho de pensar en tus palabras, tu actuar preciso y ejemplar, es que somos rescatados del embrujo de la ilusión que no descansa en su afán de tentarnos.

Es por tu dedicación hacia nosotros, que no nos abandonas, que sobrevivimos a los embates de esta ilusión y nos recomponemos con entusiasmo renovado.

Es por tu ejemplo de devoción firme, que nos demuestras que el éxito es seguro para quien se entrega a los deseos del maestro espiritual. Que seguir el proceso del servicio devocional es la forma segura para alcanzar la devoción al Señor Supremo.

Es por tu humildad y sencillez que nos enseñas a cada minuto como comportarnos, al punto de avergonzarnos de la rudeza con la que el falso ego nos confronta al medio.

Es por tu sabiduría realizada que nutrimos la inteligencia al escucharte.

Por tantas cosas Guru Maharaja, tú eres un gran tesoro que todos nosotros tuvimos la gran misericordia de recibir siendo tus discípulos y que debemos apreciar y cuidar, siendo respetuosos y obedientes en todo momento.

Tu sirvienta,

Ambika devi dasi