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Raivata das

Querido Guru Maharaja:

Por favor acepta mis respetuosas y humildes reverencias a tus pies de loto.

¡Todas las glorias sean para Srila Prabhupada!

¡Todas las glorias sean a ti!

Como cada año, comenzar con esta humilde ofrenda a tus pies de loto es una ardua tarea, ya que me obliga a hacer un balance de lo que pasó en el correr del mismo con mi vida espiritual. Y tengo que reconocer que me resulta difícil comenzar a escribir estas palabras; no porque no haya qué decir de tus trascendentales actividades —¡Hay tanto para decir! ¡Tanto!—, sino por mi falta de cualificaciones para ello, y por ver cómo mi conciencia no está debidamente purificada, lo cual demuestra lo difícil que es escribir acerca de tópicos trascendentales si uno no está debidamente cualificado.

Cada año, por misericordia de mis hermanos espirituales, tengo la oportunidad de ejecutar este insignificante servicio de hacer tu libro de Vyasa-Puja. Y es una gran fuente de inspiración para mi, pues tengo la fortuna de poder leer todas las bellas y sinceras palabras de agradecimiento que mis hermanos espirituales te dispensan. Todas ellas demuestran cómo tu logras sacar lo mejor de todos nosotros, cómo tu puedes extraer, cual abeja trascendental, los más finos sentimientos de amor de todos y cada uno de tus hijos.

Ello es una prueba fehaciente más de tu sublime posición, de la exaltado de tu ser, de tu compromiso absoluto con nuestro querido Srila Prabhupada. Pensar en ti independiente de Srila Prabhupada es imposible, pues Srila Prabhupada y tu son uno en deseo.

A lo largo de los 11 años de estar formalmente vinculado a ti como tu discípulo iniciado, he asistido cómo mi relación contigo ha ido cambiando. Cuando tú me iniciaste, para todo este yatra tú eras la persona que todo lo mantenía, que todo lo impulsaba. Imprimías los libros, nos inspiraba a distribuirlos, eras el GBC, eras el gran motor. Todos esos aspectos para mi eran fuente de orgullo personal. Sin embargo, íntimamente, lo más importante para mi era que tu eras simple y llanamente el representante de Krishna, y la persona que había conquistado completamente mi corazón, y a quien debía mi existencia exclusivamente.

Después tu te enfermaste, lo que constituyó un duro golpe para todos nosotros tus discípulos: hasta entonces te habíamos pensado indestructible, y súbitamente nos dimos cuenta en ese momento de la dimensión humana de la persona que nos estaba guiando, de que todo lo que te habías esforzado personalmente para sacar adelante el movimiento de Srila Prabhupada te había enfermado seriamente, por tantos y tantos problemas que conlleva el liderazgo y la administración en ISKCON.

Tu te tuviste que ir a Alemania: un gran vacío se abrió en todos nosotros tus discípulos, quienes estábamos malenseñados a tenerte siempre cerca.

Pero gracias a la misericordia de Krishna y a los cuidados de los devotos alemanes tu fuiste gradualmente mejorando, y volviste con nosotros.

Fue un gran reencuentro, muy emotivo, y, junto con ello, comenzamos a ver a un nuevo Guru Maharaja, a un padre que comenzó a velar por el bienestar de sus hijos, algo que no habías podido permitirte anteriormente, ocupado en la ardua tarea de empujar el movimiento para la conciencia de Krishna. Para mi fue un redescubrir mi relación personal contigo, la cual siempre había sido a través de autoridades, pero que ahora se me brindaba más franca y directamente.

Creo que muchos de tus hijos hoy estamos aquí porque podemos disfrutar, aunque sea de tanto en tanto, de tu inmaculada asociación, la cual es el motor de nuestras vidas. Para el devoto avanzado, solamente el vani es suficiente; pero para devotos neófitos como yo, el vapu es fundamental. Por ello agradezco infinitamente la asociación que me brindas. ¡Gracias, gracias de todo corazón!

Hoy estoy enredado en la vida de grhasta: ¡vaya si es un enredo! Recuerdo una vez, en Bhakti-lata Puri, en el festival de la maratón, a Kaivalya diciéndome «¡Vos si que sos afortunado! ¡La vida de brahmacari es verdadera libertad!» En ese momento no entendí a cabalidad lo que me estaba queriendo decir, ya que uno tiende a no valorar lo que posee cuando lo tiene, en este caso la total libertad para servir al maestro espiritual y a Krishna. Por ello, parte del aprendizaje es, para personas de mentalidad tullida como la mía, perder estas cosas, aunque sea temporalmente, para poder revalorarlas cuando Krishna te las vuelve a dar. Y sé que eso acontecerá en el futuro, que Krishna me hará libre nuevamente, a su debido tiempo, con más experiencia y madurez, para poder servir exclusiva e inmotivadamente tus pies de loto.

Pero ahora Krishna me ha puesto en esta ardua etapa, la vida de grhasta, la cual veo como una gran escuela para el desarrollo de la tolerancia. Gracias a ella he desarrollado también un gusto por el arcana-vigraha, cosa que no me había atraído hasta ahora. Y puedo asegurarte completamente que las graciosas formas de Sri-Sri-Gaura-Nitai, junto a tu trascendental asociación, son los que me mantienen en el camino del servicio devocional, ya que tanto tu misericordia como las de ellos es muy grande.

Sé que me quedan muchos años en esta posición, los cuales espero me ayuden a madurar como devoto. Sé que tengo este compromiso de por vida contigo, y ello me hace feliz, pues sé que tengo un propósito en la vida, y ese es poder llegar a satisfacerte algún día.

Mientras tanto, quiero que sepas que te tengo muy guardado en lo más hondo de mi corazón, y deseo fuertemente no volverme nunca un hijo infiel e incasto.

Oro por ello, y por siempre tener la asociación del santo nombre y de los devotos, pues sólo a través de ellos me podré acercar más a tí.

El más inútil de tus sirvientes,

Raivata das