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Baladeva das

om ajñana-timirandhasya jñanañjana-salakaya
caksur unmilitam yena tasmai sri-gurave namah
nama om visnu-padaya krsna-presthaya bhu-tale
srimate bhakti-bhusana-svamin iti namine

Querido Guru Maharaja:

Por favor acepte mis insignificantes reverencias a sus pies de loto.

¡Todas las glorias sean por siempre a Srila Prabhupada!

¡Todas las glorias a Usted!

En este día quisiera escribir un cántico, que se funda en la tierra santa donde pasan peregrinando sus pies de loto, que se absorba en el aire que está cargado de sus palabras auspiciosas, que se homogenice en el fuego de su verdad, y que se mezcle con el agua cristalina y fresca de pureza, la cual como un sonoro y tranquilo manantial embebe mi alma de amor por Dios (y que todos los que la escuchen). ¿Se puede escuchar el agua clara y fresca con el corazón? ¿Usted puede darme esa oportunidad? Yo sé que si, porque conoce la ciencia imperecedera del verdadero amor.

Esa agua clara de naturaleza espiritual, que viene de allí, de donde Usted y yo somos parte pero que en mi caso desconozco, o.... podría decir tal vez...., no recuerdo, de allí, donde cientos y millones de santos ángeles gandharvas aromatizan con la fragancia extática de amor, toda la atmósfera al musitar esas vibraciones trascendentales que glorifican a Govinda.

Allí donde todos giran alrededor de un verticilo de una flor de loto cuyo centro es Syamasundara, donde un muchacho negruzco, bailando en un bosque a orillas de un fragante río, perturba, por tocar su dulce flauta, la meditación en Él mismo, de todas las personas que están allí. Él está destruyendo el corazón de todos ellos. ¿Es eso maldad acaso....? No lo sé, pero quiero escuchar esa flauta, en realidad poco me importan las consecuencias.

Allí donde la locura no es una enfermedad, porque al hablar con los árboles uno obtiene una respuesta, o donde dicen que las jóvenes muchachas (porque no hay más edad que esa, la juventud) reniegan de su parpadear por no poder mirar a ese Señor tan atractivo en tiempo permanente, ese mágico lugar que no es de un cuento de ficción sino traído a través de la más seria verdad concluyente, no es ajeno a Usted mi señor.

La forma de llegar allí Usted la da siguiendo los pasos de quien Usted ama, ese pequeño gran hombre, que en algún momento le contó a Usted de todo esto con una sonrisa en su boca y una extraña y profunda mirada, que expresaba la verdadera felicidad a la que todos (algunos sin saberlo todavía) queremos llegar.

El camino... sí, el camino a veces es duro...

Pero la recompensa es mucho más creíble de lo que nosotros podemos imaginar como bello, mucho más...

En este lugar que tan distante esta de todo eso, podemos regocijarnos en escuchar como es allá a través de su voz de agua clara y fresca.

Mi querido Gurudeva, a veces en esta cruel vida (sin Krishna) quedamos totalmente desamparados; solo basta con ver atentamente cuantos niños solos hay en la calle y cómo resalta esa imagen cuando el cielo se pone frío y la lluvia gris empieza a caer, vemos como tantos niños sin rumbo, sin abrigo y sin alimento andan por ahí sin la protección de sus padres porque de alguna manera u otra los perdieron.

¿Sabe Usted? Yo también perdí a mi padre terrenal y a mi primer padre espiritual en tan poco tiempo, de ese tiempo que se consume la vida tan rápidamente, ese tiempo que marca el reloj y de pronto me sentí como uno de esos niños.

Pero también a veces esos niños de la calle son tan afortunados de encontrar a los hermanos de sus padres, sus tíos, ellos seguramente les darán alimento, ropa, abrigo, cuidado y sobre todo AMOR. Alguien con un corazón generoso de esos que hay pocos en este mundo, dispuesto a dar esa reciprocidad; la imagen desoladora ahora cambia de color por un color suave y tibio como el calor de una madre que acuna en su pecho a su hijo.

Y esa fue mi verdadera fortuna tener tantos buenos tíos espirituales, pero hay uno en especial, Usted, que se apiadó de mí y me tomó como uno de sus hijos. Algunas veces yo me califico como “hijo espiritual adoptivo”, y mis queridos hermanos espirituales fruncen su entrecejo y me reprimen por decirlo, pero yo disfruto de su amor expresado a mi, de esta manera, en modalidad de enojo.

Y de pronto surgen las preguntas:

¿Cómo los niños adoptados devolvemos en gratitud ese amor?

Y también surge la respuesta...

«Con amor.» Creo que eso es lo lógico.

¿Cómo puedo amarlo a Usted, mi querido Gurudeva?

«Con servicio a los devotos...» creo que sigo acertando la respuesta.

¿Cómo puedo servir a los devotos? (disculpe mi repetidos interrogantes, pero los niños preguntan mucho, sobre todo en la edad de los porqués).

«Puedes servir a los devotos en buena asociación, leyendo los libros de Srila Prabhupada, siguiendo buenos principios purificatorios para que tu pureza sea tu fuerza y la apliques en predicar.»

Siento que Usted me da esta respuesta desde dentro del corazón.

En un fugaz instante lo veo a Usted en mi meditación, sentado junto a Srila Prabhupada diciendo, «¡Predica! ¡Predica! ¡Predica!».

Y como hoy es su cumpleaños mi querido señor, le prometo que de por vida trataré de complacerlo, voy a intentar repetir sus palabras y a su vez las de Srila Prabhupada, y tratar de que esas palabras toquen con amor el corazón de todos esos niños desamparados que hay en el mundo que normalmente se les denomina Humanidad; si Usted me da sus bendiciones creo que algo voy a poder hacer. Ese es mi regalo en este año del Señor y en su Vyasa-Puja.

Le regalo el intentar volver consciente de Krishna a las personas que me rodeen y de esa manera yo volverme más consciente de Krishna.

Le regalo un Nama-Hatta todos los domingos de este año por venir junto con mi familia.

Le regalo una ronda más por día, a partir de su Vyasa-Puja en este año.

Le regalo mi deseo de tratar de distribuir los libros de Srila Prabhupada y que ojalá él quiera que se vuelva un hecho concreto en mi vida.

Le regalo una flor de loto azul.

Le regalo el meditar en la santa asociación y el servicio a los vaisnavas.

Le regalo el esfuerzo para tratar de obtener en Mendoza una sede propia para la futura adoración de Radha y Krishna.

Le regalo estudiar más a fondo los libros de Srila Prabhupada.

Le regalo purificar más mi vida.

Le regalo más concentración en mis rondas.

Estos regalos que en mi vida antes de los devotos jamás se me hubieran ocurrido regalar, seguramente algo están queriendo decir.....

Señor maestro espiritual mío, en este día particular para mi alma, permítame por favor decirle que a pesar de todas mis faltas y errores, lo amo.

Su insignificante sirviente, si así usted lo desea.

Baladeva das