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Bircandra das
Querido Guru Maharaja, mi padre real y eterno, acepte por favor mis postradas reverencias al polvo de sus pies de loto.
Son ya muchos los años y vivencias que pasaron desde que lo conocí y hoy tengo nuevamente el agrado y el placer de intentar glorificarlo en el día más importante para mí, como lo es el de su Vyasa-Puja.
Me permito comentarle que en este tiempo, con el afán de entender más la vida y la filosofía, me ahogué en un mar de dudas, pues el falso orgullo empaña siempre el cristal transparente que Srila Prabhupada nos dejó a través de sus libros y enseñanzas.
Confundido por las dualidades y paradojas que se presentaron frente a mí, dudé entre ser un hombre o una institución, entre enseñar lo que había aprendido acerca de Dios o recuperar lo que me había olvidado de él.
Tomé los riesgos y realicé que en el fondo de mi corazón tengo atesorado su persona, sus palabras, sus gestos y por lo tanto mi búsqueda comienza y termina satisfecha en Usted.
Esto no hace más que reafirmar que Usted no es una persona, sino que es el representante genuino de la Suprema Personalidad de Dios, Krishna.
Su sola presencia disipa toda duda, unifica hombres y mujeres de diferentes clases y condiciones, reafirmando nuestra original posición de almas espirituales, en una actual experiencia humana.
Esa mezcla de humildad y coraje que Usted tiene para enfrentar las vicisitudes de la vida me llenan de orgullo y de felicidad, pues no hay fortuna mayor que el sólo estar un segundo en compañía de su santa asociación.
Todo lo demás es puro y absoluto espejismo: fama, dinero, familia, religión, etc, etc.
Lástima que toma tanto tiempo ver los errores y aprender, pero no intento con esto emitir un juicio de valores, pero si remarcar que a Usted es a lo único bajo este sol a lo cual le soy fiel.
Pues ya lo probé todo y puedo firmemente aseverar que su autenticidad es soberana y contundente, una joya de bhakti, certificada por Srila Prabhupada y toda la cadena de sucesión discipular.
Hoy no me siento un monje Hare Krishna; ni mucho menos, como se estila en estos tiempos, pretendo aparentarlo.
Pero sí estoy dispuesto a seguirlo y servirlo en lo que me corresponda, tal como un hijo sigue al único refugio que tiene: su padre...
Eternamente agradecido y suplicando que por favor no me aparte nunca de su lado, su sirviente,
Bircandra das
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