Visita de Guru Maharaja a Punta Alta, Argentina
Visita de Guru Maharaja a Punta Alta, Argentina
1º al 5 de Mayo del 2003
Para los que no la conocen, la localidad donde vivimos, Punta Alta, se encuentra a 700 km al sur de la ciudad de Buenos Aires, vecina a la ciudad de Bahía Blanca, a 25 kilómetros.
Nuestro querido Guru Maharaja llegó a mi casa el día 1º de mayo a las 6:30 horas por bus, con un excelente humor, y se quedó hasta el día 5 de Mayo, día en que partió a las 22:00 hs. A su llegada ya estaba todo dispuesto para su recepción: el abhisekha y los devotos, prontos para escuchar sus palabras. Toda la comunidad local estaba presente en casa. Dispongo en ella de una sala con un altar con módulos de pana y mármol, y Sus Señorias —Sri-Sri-Gaura-Nitai— son las propietarias de todo lo que poseemos, ya que nosotros tan sólo tratamos de servirlos lo mejor que podemos.
Luego hicimos un Guru-Puja, y a continuación él nos dirigió su palabra con la calidez y propiedad tan particular de su estilo, con alegría y amor propio de su naturaleza.
Luego servimos prasadam para todos los presentes, y para él lo suyo, de acuerdo a su dieta, pero en su cuarto. Luego él nos pidio descansar.
Por la tarde vino la clase de Bhagavad-Gita: primero el arati, el kirtan, y luego vino su clase que, como siempre, fue MAGISTRAL. Ese día se quedó atendiendo preguntas y contando pasatiempos de su peregrinaje por la India como hasta las diez de la noche.
Al día siguiente, a las 7:00 de la mañana, hicimos Mangalarati, la puja a Srila Prabhupada, a Tulasi devi y luego Guru maharaja dio una clase de Srimad-Bhagavatam que ni les cuento, con esa forma tan dinámica, amena y matizada, con el humor tan propio de él. Luego, en las preguntas, vino su diversión, ya que matizó con los devotos su gran cuota de humor trascendental, haciendo que en todo momento nos sintiéramos parte integral del programa. Nos hizo sentir como una sola cosa homogénea y sólida, y lo más importante, trascendimos el tiempo: todo parecía que recién había empezado.
Luego vino el plato fuerte para todos: ¡¡LA CAMINATA!! ¡¡Huauuuuu!! Arrancamos desde casa, por calles de arena. Habríamos caminado unos 6 kilómetros, más o menos, pero… ¡a su ritmo!... Tal como les cuento. Yo estaba a su lado, y por suerte estoy habituado a ellas. Aparte, conozco su naturaleza, y por ello entonces ya sabía lo que nos esperaba. Además, antes de salir me preguntó: "¿Hace frío?" Y yo le respondí: “Sí, Guru Maharaja. Por favor lleve algún abrigo”. Resulta que aquí el tiempo es muy inestable, muy cambiante en términos de minutos. De forma que a los 20 minutos de salir de casa ya caminaba con su campera en la mano y me preguntaba en tono de broma: "¿Y tú me decías que hacía frío?". ¿Yo que podía decir, no? A todo esto ya, de la totalidad del grupo, la mitad venía a unos 40 ó 50 metros. El se paraba, volvía, y los empujaba de uno en uno. Y muy sonriente les decía: "Vamos, vamos, ¿ya no pueden más? ¿Qué les pasa? Miren a los ancianos. ¡Huy!, perdóname” —por mi. Y luego, refiriéndose a mi, dijo “¡Miren cómo camina! Y ustedes que son jóvenes… ¿dónde está esa energía?”.
Y así, a los tumbos, terminamos la caminata. Y él estaba refeliz. Y seguía empujando a todos porque, aparte de que el terreno era arenoso, había subidas y bajadas que lo hacen más pesado. Pero… ¡fue inolvidable!
Vale decir que se alimentó en forma excelente, dado que le encanta la mano que tiene Satyabhama para la cocina. Comió cantidades inusuales de prasadam para él, e inclusive llegó a decir que: "Voy a tener que sacar dos asientos porque uno no me alcanzará". Le gustó mucho el prasadam, al punto tal que estaba comiendo por la noche, cosa inusual en él. Así fue que, en la segunda noche, Satyabhama le ofreció pochoclos, leche, miel y chapatis calentitos. Yo me encargaba de atenderlo, y siempre le decía: "¿Uno más calentito Guru Maharaja?" Y él me decía: “No, gracias, ya está bien". Pero como quien no lo quiere la cosa, yo le desplazaba un chapati más con bastante ghee en el plato. El me miraba y me decía: “¿Qué te dije?”. Ante lo cual yo no le respondía, pero con mi gesto de inocente complicidad, él se sonreía y decía: "Basta, ¿si?" Y yo le respondía: “OK, Guru Maharaja”.
Resulta de todo esto que la segunda noche durmió profundamente, a tal punto que se levantó como a las 05:00 de la mañana, cosa inusual en él. Y luego, en la clase, dijo: "Hoy me dormí, producto del ambiente tropical en mi cuarto” —yo le había puesto el calefactor y me olvidé de bajarle la temperatura—, “y con todo lo que comí anoche… ¡Huauu!, hoy me desperté tarde". Y se reía a carcajada limpia, con el beneplácito de todos los presentes.
Como podrán apreciar, estos son algunos de los néctares que vivimos en mi casa todos los devotos de aquí, y les dejo el último: trajo las fotos de su peregrinaje por india. ¡Por favor! ¡Qué sublime! Aparte, como fueron sacadas con su cámara digital, tienen una imagen única, jamás vista. Empezó a mostrárnoslas el domingo a las once de la mañana, y seguimos viéndolas hasta las dos y media de la tarde. Le hicimos cortar entremedio, pues teníamos que tomar prasadam. Pero él estaba tan extático, parecía que estuviésemos en el lugar de la foto, por la vehemencia que ponía en cada una, en explicar todo. Y cuando terminaba con ese lugar preguntaba: "¿Adónde quieren viajar ahora?" Miren, no les puedo describir exactamente ese néctar, pues fue todo una experiencia inédita el sólo ver las caras y los gestos de los devotos: ¡ese fue todo un show aparte!
Mis reverencias a todos y un abrazo fuerte. Su sirviente,
Ramapati das
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